¿Por qué hay bandas que no deben volver?

 

Por: Kevo Hidalgo

 
En abril de 2019 Joaquín Cardiel, bajista de la banda española Héroes del Silencio insinuaba una posible reunión, como era de esperarse los medios hicieron eco de sus declaraciones y los fans se dejaron llevar por el entusiasmo propio de noticias como éstas. Desafortunadamente para las personas que creyeron ciegamente en la prensa especializada y en las palabras de Cardiel, unos días después el mismo Enrique Bunbury aclaró el asunto a través de un tuit en el que afirmaba lo siguiente: “No creáis todo lo que dicen por ahí. Cualquiera escribir y decir lo que piensa, sin pensar. Una ocurrencia, un rumor, un tostón filosofal, un línea sacada de contexto”.
 

>Este no ha sido el único pronunciamiento de Bunbury con respecto al insistente pedido del público y los medios alrededor del reencuentro de la banda, unos días después de verse obligado a pronunciarse ante las entusiastas afirmaciones de Joaquín, Enrique hizo una declaración que dejaba el asunto de la reunión todavía más claro, por si para alguien no había sido así: : “Es demasiado tarde para poder parar, pasó nuestro momento y pudimos bajarnos a tiempo, esto es lo único que es cierto: es demasiado tarde, demasiado tarde para poder parar.” :
 

 
Personalmente, después de años de distribuir mi tiempo entre la música y la comunicación, considero que formar una banda se parece mucho a construir una relación de pareja. Concluí eso después de años de recorrido con varios proyectos musicales que nunca llegaron a buen puerto por una razón que en teoría suena romántica pero que en la práctica es bastante simple; debes saber cuándo decir adiós.
 

Para quienes han tenido la posibilidad de ser parte de una banda, coincidirán conmigo al recordarla como una experiencia intensa, exigente y sobrecogedora. Volverte uno con la música y materializar algo que solo existía en tu cabeza resulta conmovedor e inexplicable. Sin embargo, no es perfecta, al igual que en las relaciones de pareja, tener una banda constituye un enorme esfuerzo que al no ser valorado o correspondido por los demás, termina convirtiéndose en desgaste emocional. Además hay peleas, falta de comunicación e incluso momentos en los que quieres dejar el barco y zarpar sin brújula a otro puerto.

 

Aunque no lo queramos admitir, en la vida y en la música hay experiencias que nos desgastan. Unos se convencen de que las cosas deben ser así y se resignan a cambio de un par de buenos momentos; otras personas reconocen su incapacidad para quedarse en un lugar al que ya no pertenecen y se van en busca de otras experiencias. Eso podría explicar la postura músicos como Enrique Bunbury, Noel Gallagher, Johnny Marr, David Gilmour, Sting y hasta el mismo Morrissey al negarse a la posibilidad de volver a hacer música con las bandas que los convirtieron en los íconos que ahora son.
 

 

En la mayoría de casos el sentido común –y el autoestima, sobre todo- es suficiente para saber que aunque hayas vivido momentos increíbles con alguien, si las cosas no funcionaron pese al esfuerzo que ambos hayan hecho, volver a intentarlo una segunda, tercera o cuarta vez quizás no sea lo más sensato ni lo más sano para ninguno. Lo mismo ocurre con las bandas, pero a diferencia de las relaciones, no hay legiones de fans enardecidos pidiéndote volver con tu ex.

 

¿Se han preguntado alguna vez que habría pasado si The Beatles nunca se hubieran separado? Sí, los cuatro de Liverpool están más allá del bien y mal pero para nadie era un secreto que la tensión entre Paul, John, Ringo y George era tan evidente que se podía cortar con tijeras. En una realidad alternativa en la que los Beatles siguen juntos –omitiendo las muertes de John Lennon y George Harrison-, ya tendrían más de una veintena de discos, ya habrían sido headliners de Coachella, ya hubieran sido criticados por la prensa y los fans por no sacar más discos que suenen como Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y seguramente Lennon habría convencido al resto de la banda de incluir a Yoko Ono en alguna colaboración.

 

 

En ese mundo ideal en el que The Beatles nunca se separaron todos seríamos felices; todos menos ellos. Probablemente se odiarían y serían como muchas otras bandas que solo se ven para shows de alta factura, como The Rolling Stones o U2. La música es más que buenos momentos y canciones que nos marcan para siempre, también es un espacio permanente para redefinir lo que somos. Ya lo dijo Gustavo Cerati, “Poder decir adiós es crecer”. Este momento de sabiduría del rock en español aplica para todo en la vida, por ejemplo:
 

¿No puedes olvidar a tu ex?

-“Poder decir adiós es crecer”
 

¿Odias tu trabajo pero te quedas porque tienes miedo de no encontrar algo mejor después?

-“Poder decir adiós es crecer”
 

¿Tus amigos se molestan porque admites públicamente que todos los discos de AC/DC suenan igual?

-“Poder decir adiós es crecer”

 

¿Lo pasas bomba con tu banda pero estás harto de tocar covers y ellos se niegan a componer música inédita?

-“Poder decir adiós es crecer”
 

Volviendo al caso de Bunbury, su decisión de continuar como solista después del éxito de Héroes del Silencio fue un riesgo que afrontó de manera consciente y voluntaria; todo pudo salir mal, pero no fue así. Con respecto al resto de la banda, alejarse del ojo público y de la música para dedicarse a la familia o cualquier otro proyecto personal es tan válido como lo que hizo Enrique; en ese sentido todos avanzaron, pero lo hicieron en dimensiones diferentes.
 

Lo mismo aplica para todas esas bandas a las que les exigimos regresar como si el hecho de ser sus fans nos diera el derecho de decidir sobre sus voluntades y necesidades creativas. Por ejemplo, si mañana Oasis decidiera reunirse y entrar a estudio para grabar un nuevo sencillo, el resultado seguramente dejaría insatisfechos a los seguidores que quieren escuchar a la banda de britpop que conocieron en los noventas. Lo más probable es que el resultado de ese reencuentro no resulte ser lo que fans esperaban porque el núcleo del proyecto, sus integrantes, ahora perciben la música de manera distinta y tal vez quieran explorar nuevos sonidos. El momento para componer canciones como “Wonderwall” u “Don’t Look Back In Anger” ya pasó, pero explíquenle a eso a un público que lleva esperando su regreso más de 10 años.
 

 

La nostalgia es inevitable; la necesidad de revivir todo lo que en algún momento nos hizo felices es normal y necesario para sostenernos cuando el presente nos pone a prueba. Pero aunque nos cueste aceptarlo la vida y la música no se detienen; aceptar que aunque los noventas fueron increíbles el grunge no volverá es tan sano como reconocer que debes renunciar a esas relaciones que no te dejan avanzar; aceptar que a Enrique Bunbury le importa HDS lo mismo que a Donald Trump la paz mundial es tan válido como decirle a tus padres que nos vas a estudiar la carrera que ellos esperaban, y podría seguir con más ejemplos pero soy consciente de que no entraron a este espacio buscando lecciones de vida.
 

Pese a eso, la reunión de bandas como Rage Against The Machine y My Chemical Romance es testimonio de la incidencia real que el público todavía tiene en el rock. Ambos proyectos cuentan con una base de fans tan fiel como numerosa que no dudará un segundo en asistir a sus shows, pero más allá de las giras y el ruido mediático, ¿qué tienen para ofrecer estás bandas a sus públicos en este momento? ¿La reunión es temporal o piensan sacar nuevo material? Y sobre todo ¿El panorama musical ha cambiado desde su regreso?

 


 

Exigir la reunión de bandas que por distintos motivos han decidido separarse es equivalente a pedirles a tus padres vuelvan a tener una relación después de haberse divorciado. Es incómodo e innecesario, sobre todo en un momento en el que tanto en el mainstream como en la música independiente podemos encontrar lanzamientos diarios de discos, video clips y otros contenidos de corte musical. Si hoy visitas las redes sociales de tu medio especializado de preferencia seguramente encontrarás al menos tres lanzamientos o noticias relacionadas con bandas grabando su nuevo disco o preparando algo; en ese sentido, no faltan artistas, no faltan lanzamientos, no faltan discos y queda claro que tampoco faltan ideas para proponer cosas interesantes, pero seguimos aferrados a la idea anacrónica y obsoleta de que todo lo pasado fue mejor –como diría Geovanny Rosero-.

 

Hace unos días llegué a una de las muchas playlist que existen en Spotify, ésta en particular era en una recopilación de los mejores temas de The Smiths y Morrissey, y aunque disfruté mucho todo el repertorio debo reconocer que conecté más con el proyecto solista del “Divo de Manchester”, sin negar que hay muchas canciones de su banda primigenia a las que hasta el día no me puedo resistir. Pensé en todas las canciones de Morrissey que me encantan y que jamás hubiera podido escuchar si The Smiths no se hubiera separado, eso me obligó a reflexionar en todas las cosas de la vida que valen la pena no porque duran, sino porque suceden, así que no intenten dilatar esos momentos cortos pero intensos, solo disfrútenlos y agradezcan por haberlos vivido. Lo último también es como la frase de Cerati porque aplica para todo en la vida.