¿Cómo se grababa rock en el Ecuador de los 90´s?

 
 
Por: Kevo Hidalgo
 
Para nadie es un secreto que hacer música en Ecuador es un reto en todo sentido. Ser músico en un país como el nuestro requiere de una particular disposición para hacerle frente a las dificultades propias del ejercicio artístico sin perder la cordura en el intento.
 

Hacer un disco en nuestro país nunca ha sido una tarea fácil, sin embargo, la tecnología y recursos necesarios para dicho propósito se han vuelto cada vez más accesibles, prueba de ello es la posibilidad de montar un estudio casero con insumos cada vez menos costosos e inclusive hacerlo en la comodidad de nuestros hogares.
 

El Ecuador de los noventas fue mucho más que angustia adolescente y músicos con problemas existenciales. En medio de la convulsión social, la falta de presupuesto, la escasa cantidad estudios de grabación profesional y una atmósfera de inconformidad generalizada en el país, bandas como Mamá Vudú, Cacería de Lagartos y Sobrepeso grabaron contra todo pronóstico algunos de los discos más representativos del rock nacional.
 

¿Cómo lo lograron? ¿En qué condiciones grabaron sus discos? ¿Qué tan difícil fue llevar a cabo este proceso? Esa y otras dudas las respondemos a continuación:
 

Hacer un disco no era nada barato

 

 

Es sabido que el acceso a un estudio profesional requiere de un presupuesto que no siempre responde a las condiciones económicas de una banda que apenas está empezando; así lo recuerda Renato Zamora, guitarrista y miembro fundador de la banda cuencana Sobrepeso cuando menciona que “Hacer un disco era la meta más alta y más inalcanzable porque en esa época el mercado lo dominaban los sellos discográficos”.
 

En este entonces, en la ciudad de Quito existían pocos estudios de grabación profesional y Hugo Ferro, frontman de Cacería de Lagartos , da fe de ello: “Habían como 4 o 5 estudios formales que eran muy costosos y las bandas que lograban grabar era porque tenían consagrada su carrera”.

 

Además de los escasos de estudios de grabación, la oferta laboral de ese entonces no contaba con la cantidad de profesionales necesarios –productores, ingenieros, sonidistas- para responder a las necesidades del entonces naciente mercado fonográfico, así lo asegura Roger Ycaza de Mamá Vudú : “En los noventas la figura del productor no estaba tan presente, más que productores habían amigos de otras bandas que acompañaban el proceso de grabación”.
 

En resumen, las bandas con la intención de grabar un disco en el Ecuador de los noventas tenían tres alternativas: Ser firmadas por un sello discográfico, contar con el auspicio de alguna institución pública o privada y por último, grabar un demo de bajo costo con el propósito de presentarse con ese material ante una disquera y que la misma financie la producción del disco.
 

Renato Zamora comenta al respecto: “Si lograbas un contrato discográfico estabas en un circuito en el que el sello se encargaba de poner el disco en tiendas y medios de comunicación, si la disquera tenía más presupuesto promocionaba tu canción con un video clip, antes las disqueras tenían mucho poder”.
 

Cacería de Lagartos fue una de las primeras bandas de rock nacional en firmar con un sello discográfico, en su caso, con la entonces célebre Discos MTM , filial de Warner Music en Ecuador. Hugo Ferro recuerda como fue el proceso de grabación de “Transporte Popular”, el primer disco de la agrupación, “Para poder pagar el estudio lo contratábamos fuera de horarios de oficina porque era más barato. Además tenías que llegar muy bien preparado porque no habían efectos y no podías ‘tunnear’, tenías saber tocar para poder grabar”.
 

Grabar con lo que se tiene

 

La tecnología con la que se grababa en ese entonces era muy similar a la que se utilizaba en los años setenta, es decir, grabación análoga con cinta abierta y microfonía de carbón o condensador, nada digital. Sobre lo anterior Renato comenta: “Casi todos los estudios trabajaban en cinta y eran contados los que trabajaban con software, eso era como la NASA”.
 

Con el tiempo la tecnología necesaria para grabar audio de manera profesional se volvió más accesible y poco a poco fueron apareciendo más estudios en el país. Roger Ycaza grabó los demos del disco “Luna Lombriz” de Mamá Vudú en “Ciclo de Quema”, un estudio que Enrique López y Franz Córdova habían montado en Ambato.
 

Roger tuvo la oportunidad de ver como muchas personas cercanas a él tuvieron la posibilidad de crear sus propios estudios y posteriormente convertirse en proyectos formales dentro del ecosistema de música local, y menciona, “La increíble Sociedad y Graba Estudio son dos buenos ejemplos de cómo han crecido los estudios en equipos y en ingenieros de sonido”. En esas circunstancias cabe preguntarse, ¿qué podían hacer las bandas que no contaban con el presupuesto para grabar su material en un estudio profesional?
 

Pues la solución como ya es costumbre, nació de los propios músicos. Hugo Ferro y Franz Córdova (ex Mamá Vudú ) formaron “La Fábrica de Ruido”, un estudio especializado en grabar demos y maquetas para bandas emergentes en Quito.
 

Bandas como Ente, Hijos de Quien, Mama Vudú , los mismos Cacería de Lagartos e incluso Madbrain tuvieron la oportunidad de realizar sus primeras grabaciones en este espacio que contó con una de las primeras consolas digitales del país y con un implemento que terminó siendo parte de la exhibición permanente del Museo Del Rock Ecuatoriano 1865 ; tal como comenta Hugo, “Grabamos en la clásica, la histórica, la inmortal grabadora Tascam de cuatro tracks, que grababa en cinta y fue mítica en los 90s”.
 

El reto de darse a conocer

 

 
Las bandas que lograban completar la grabación de su disco tenían que hacerle frente a la falta de espacios para distribuirlo en un momento en el que los medios de comunicación veían al rock como un género que atentaba en contra de los valores tradicionales de la sociedad ecuatoriana.
 

Para enfrentar esta situación sin comprometer su imagen y al mismo tiempo generar engagement con las audiencias más jóvenes, muchas radios y canales de televisión empezaron a ponerle la etiqueta de rock a cualquier cosa en la que se distingan guitarras eléctricas.
 

Es así que discos como “Rock Ecuatoriano Latitud 0°” vieron la luz en el año 1994 con un repertorio que poco tenía que ver con el concepto planteado. En este recopilatorio producido por Rip Producciones desfilaban nombres como Ricardo Williams, Riccardo Peroti, Clip, Umbral, Pericles, Materia Prima y Cruks En Karnak ; la única que banda con la que se podría justificar el nombre de este trabajo.
 

Al igual que muchos músicos en busca de espacios para dar a conocer su trabajo, Renato Zamora recuerda cómo fue su acercamiento con los medios de ese entonces, “Lo máximo que podía aspirar una banda independiente era publicar su demo y distribuirlo cuando tocaba. Era impensable que una radio ponga material nacional, salvo que haya habido un intermediario a nivel discográfico”.
 

El proyecto de Hugo Ferro tuvo la oportunidad salir al mercado con dos video clips: “Comadre Rosa” y “Colón Camal” rotaban en canales de televisión nacional –e incluso en MTV -, al respecto comenta “Tenías programas de video clips locales y si lograbas que te rotaran una vez y salir al aire, te veía todo el país, a diferencia de Youtube , en el que es casi imposible que tu público te vea en medio de tanto contenido”.
 

De forma paralela, Roger Ycaza vendía los discos de

Mamá Vudú

en los conciertos de la banda, interactuaba directamente con la gente que los escuchaba; “El ‘Do It Yourself’ era más intenso y le brindaba un carácter más romántico y cercano al asunto”.
 

Lo digital no lo es todo

 

 

Hoy en día, encontrar lanzamientos de rock en los medios de comunicación y las redes sociales es algo completamente normal. Basta con publicar un video en Youtube o subir una canción a las plataformas de distribución digital para que en cuestión de minutos millones de personas con acceso a internet escuchen lo que está pasando con la música en todas las latitudes.
 

Son innegables las ventajas ante la posibilidad de compartir información, conocimiento y contenidos con tanta facilidad, pero en este punto es necesario preguntarse ¿cuánto ha cambiado esto nuestra experiencia sobre la música?
 

Respecto a esto, Hugo Ferro es enfático al decir “Democratizar la música es globalizarla y por ende poner a competir a todos contra todos y nosotros salimos en desventaja”. Lo mencionado por Hugo queda en evidencia al comparar el número de reproducciones en Youtube de cualquier artista firmado por una transnacional discográfica en contraste con el material de un proyecto independiente; en términos futbolísticos, es el equivalente a enfrentar al grupo de amigos con el que juegas todos los fines de semana en el parque contra cualquier equipo de la Premier League.
 

Sin embargo, esto ya pasaba mucho antes del boom de internet y las redes sociales, como cuenta Renato, “Ni el rock ni el pop nacional podían competir con las grandes disqueras de afuera, porque por ahí venían y hasta te rifaban un carro, no podías competir con eso”.
 

Por otra parte, la experiencia de tener un disco físico difiere mucho de la que ofrecen los lanzamientos digitales de la actualidad. Roger, quien también es ilustrador menciona, “La gente también quiere acercarse a la música de una manera tangible; poder tocarla, olerla y verla”. A lo dicho por Ycaza, Hugo Ferro complementa y sostiene, “Tener un disco digital es como no tenerlo, y al final no tienes nada, está todo en la nube, está todo en un disco duro”.
 

Este es ante todo, es un tema de apreciación. Renato, quien además de músico también es un profesional de la producción con años de experiencia, considera que los parámetros técnicos con los que plataformas como Spotify, Deezer o Apple Music distribuyen música a nivel mundial pueden diferir en términos de calidad, “Hoy se invierte tanto dinero en asegurar la calidad de grabación de una canción para que al final la gente termine escuchándola en un formato como el mp3”.
 

Los noventas en Ecuador se vivieron con intensidad. Acceder a discos, cassettes o revistas se convertía en una aventura en la que otras personas movidas por la misma causa se encontraban en el camino y terminaban volviéndose amigos para toda la vida e incluso formando su propia banda; sí, así de lindo era el tema.
 

Hoy nos queda el testimonio de grandes músicos que supieron darlo todo en un momento en el que dedicarse al rock podía complicarle la vida cualquiera. Los noventas se acabaron pero la música continuó: análoga o digital, le esperanza de días mejores sigue viva gracias a los discos que nos vieron crecer y nos ayudaron a ser la mejor versión de nosotros mismos.